Elegido el tipo de pintura (si dudas, mira plástica, esmalte o temple según la superficie), queda la segunda decisión: el acabado. Mate, satinado o brillo no son solo estética: cambian la durabilidad, la limpieza y cómo se ve la pared con la luz.
Mate: disimula, pero es delicado
El mate no refleja la luz, así que disimula imperfecciones de la pared como ningún otro. Ideal para techos y salones o dormitorios con paredes irregulares. Su contra: se limpia peor y roza antes. No lo pongas donde haya mucho trote.
Satinado: el comodín
Refleja un poco la luz, da un aspecto más vivo y aguanta mucho mejor el fregado. Es el acabado más recomendable para pasillos, habitaciones infantiles, cocinas y baños (siempre con pintura apta para humedad). Si dudas, elige satinado.
Brillo: solo para detalles
El brillo es el más duro y lavable, pero marca cada defecto de la superficie. Resérvalo para puertas, rodapiés, radiadores y muebles con esmalte, nunca para paños grandes de pared.
Guía rápida por estancia
- Techos: mate, siempre.
- Salón y dormitorios: mate si las paredes son irregulares, satinado si quieres más luminosidad.
- Pasillos y habitaciones de niños: satinado lavable.
- Cocina y baño: satinado específico antihumedad.
- Puertas y carpintería: esmalte satinado o brillo.
Truco con la luz: en habitaciones oscuras con poca luz natural, el satinado rebota la luz y la estancia parece más luminosa sin cambiar de color.

